1/11/08

El rey se levantó
de su pomposo trono,
arrojó su corona
y se clavó una daga

Su familia lloró
el pueblo se alegró
los nobles temieron por sus vidas
los burgueses se frotaron las manos.

Los juglares tienen
ahora trabajo.
Los historiadores tienen
algo que hacer.

Nadie sospecha cuanta
violencia se avecina.

Herir después de hablar

Tronar de escudos,
repica en los oídos
de las flechas su silbido.

Lanzan piedras
y apuntan con sus cañones
a mi débil fortaleza.

Avanzan con bayoneta calada,
rasgan mi piel
con sus armas afiladas.

Sólo son habladurías,
rumores y palabras fugaces,
pero atraviesan mi duro pelaje.


Tertulias en esquinas sombrías.